La pérdida de la incocencia a través de las historias
- Joaquín Pérez García

- hace 1 hora
- 4 Min. de lectura
El inevitable viaje hacia la culpabilidad de todo ser en el mundo real y en los ficticios

“La inocencia acaba cuando empieza la vida de cada individuo” - mi madre, marzo de 2026.
El arte narrativo es capaz de hablar de cualquier cosa. Las historias son metáforas de la vida, y la vida es un proceso de aprendizaje, cambio y descubrimiento continuo, en el que aprendemos cómo funciona el mundo, qué es lo que queremos y cómo nos posicionamos ante las diferentes situaciones que acontecen en nuestro día a día.
Antes que nada, expondremos el significado de “inocencia”, la cual, según el Diccionario de la RAE es el “estado del alma libre de culpa” o “candor, sencillez”, en función del contexto, términos normalmente relacionados con la ignorancia, la pureza o la niñez, funcionando esta última como sinónimo en muchos casos. Por lo tanto, en su antonimia, encontraríamos tanto “culpabilidad” como “malicia” o “picardía”, términos que se revisten en un mundo más maduro, corrupto y exento de bondad.
La inocencia puede estar envuelta en prácticamente cualquier tipo de debate moral, desde la balanza entre el bien y el mal hasta la perspectiva de cualquier personaje ante la realidad externa que le rodea, ya que es este descubrimiento empírico o gnoseológico el que nos puede arrebatar la inocencia poco a poco, obligándonos a intervenir o actuar en conflictos vitales y cargar con una culpa, ya sea positiva, negativa o neutral. Por tanto, cuanto más tiempo estemos en este mundo, más difícil se hace el no ser cómplice de cualquier hecho o crimen moral, pese a estar siempre condicionados por nuestra humanidad y sentido de supervivencia, lo cual no protege nuestra inocencia en las decisiones de la vida.
Algunos exponentes de esta irremediabilidad de la pérdida de inocencia en entornos hostiles son El Lazarillo de Tormes y su famosa picaresca (novela), Rick y Morty (serie), La Carretera (novela y película), American History X (película), o The last of us (videojuego y serie), historias en las que una figura infantil habita un entorno peligroso guiado por un adulto cuyas manos están manchadas de sangre literal o figuradamente, en ocasiones por pura supervivencia y en otras por egoísmo o misantropía. Los personajes que encarnan esta niñez se encuentran ante dilemas y situaciones en los que tienen que debatirse entre lo que ellos consideran “bueno” o “correcto” y su propia vida, lo que acaba llevándoles a perder la inocencia inicial de la que parte todo ser humano. Su aprendizaje previo a dar este paso también es en base al referente adulto con el que cuentan, el cual ha decidido crear una nueva moralidad en base a su ego o sus experiencias, aunque a veces traten de aferrarse a una verdad inspirada normalmente por la pureza del niño o niña que les sigue.

También existe un tipo de inocencia voluntaria que se construye tratando de evitar la realidad o construyendo una propia al más puro estilo cervantino. La voluntad y consciencia de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha son variables en función del contexto y del estado emocional en el que se encuentra, y en sus momentos de lucidez e incluso en los de más absoluta locura podemos entrever reflejos de cordura y de una libertad suprema: la de elegir su propia realidad, pareciendo ajeno a todo lo demás. En ocasiones soluciona entuertos sin querer, a veces los empeora, y en otras los crea él mismo, pero la concepción externa de no ser consciente de lo que hace por una enfermedad mental parece eximirle de toda culpa y refugiarlo en una inocencia voluntaria, o no tan voluntaria. Con el tiempo, con su “sanchificación”, o aproximación a un mundo más terrenal, parece ir alejándose un poco más de la inocencia, lo que le lleva a una nostalgia que le hace sentirse feliz por haber vivido mil aventuras, pero algo de culpabilidad por haber arrastrado a todos a irreales elucubraciones en la que todos eran tan responsables como él, o incluso más por ser conscientes de lo que hacían.
Ya no por imaginación o por sentimiento de irrealidad, en muchas historias encontramos una presunta inocencia de muchos personajes por ignorancia, por lo que se va perdiendo conforme el sujeto va comprendiendo o aprendiendo cómo funciona el mundo en el que vive. Esto está íntimamente relacionado con el mito de la caverna de Platón, aunque asumiríamos que para encontrar la idea del bien hay que vivir y conocer, lo que nos haría perder una inocencia que no tiene por qué ser necesariamente benigna. En El Show de Truman (película), sentimos una profunda empatía por el protagonista porque lo sentimos como alguien puro, bueno, con un comportamiento casi infantil, pero, en definitiva, ignorante. Solo cuando está a punto de comprender la mentira en la que vive parece perder los cabales y cometer ciertas acciones libres, y, por tanto, con cierta malicia, pues es la única forma de escapar de un sistema intrínsecamente maligno.

En algunos relatos, la pérdida de inocencia se ve como un duro golpe de realidad en la vida de los personajes que marca un antes y un después en su percepción del mundo. Normalmente, esta pérdida de inocencia va de la mano con el odio o el trauma, como vemos en Attack on Titan (manga y serie), Jojo Rabbit (película) o El niño del pijama a rayas (libro y película), en las cuales se mezcla la ignorancia y la hostilidad de la sociedad hacia las personas más inocentes: los niños.
Las historias son metáforas de las preguntas irresolubles, los motivos inexplicables, la evolución incontrolable, el dolor necesario, la sanación consecuente, y la propia condición humana; y la inocencia es un rasgo necesariamente volátil, pues, de una forma u otra, acabamos envueltos en situaciones y dilemas que nos hacen actuar o posicionarnos. La culpabilidad negativa puede resultar molesta, pero es inevitable, y hemos de aprender a vivir con ella e intentar que sea derivada de un intento de hacer lo correcto.




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