¿Y si nadie mira, quién eres?
- Luna Hermida Nerín
- hace 1 día
- 3 Min. de lectura
«Las redes sociales han matado cualquier esperanza de vencer la disonancia entre el personaje que creamos para el resto y la persona que somos».
Qué difícil es definirse a uno mismo. ‘Defínete en tres palabras’. Nunca nadie en la historia de ese juego de campamento ha dicho que es egoísta, o cruel, o arrogante. Y, sin embargo, esas personas existen. La respuesta comodín era atribuirse los adjetivos que iban en verde en el ejercicio del ‘workbook’ y que, por tanto, asumías que eran buenos: kind, easygoing, friendly… La realidad es que muchas veces uno no decide por qué es como es, sino que, obviando el componente genético, son sus vivencias las que en un primer estado establecen cómo se comporta. Pero llega un momento en el que, si haces el esfuerzo de ser consciente de tus virtudes y tus defectos, puedes desdibujarte las veces que hagan falta hasta encontrar tus tres adjetivos. El problema aparece cuando ni siquiera surge la curiosidad de querer saber quiénes somos ni por qué nos comportamos de cierta manera.
Sobrevive quien es capaz de adaptarse al medio
‘No sobrevive el más fuerte, sino el que es capaz de adaptarse al medio’ es lo que viene a decir la teoría de la evolución de Darwin y el concepto de la selección natural. Poder moldearse a uno mismo nos acerca a alcanzar esa resiliencia. La introspección puede llevarte lejos y, aunque no estemos hablando de supervivencia en sentido literal, es cierto que llevar una vida plena es más sencillo si consigues llegar bien adentro de tu cabeza para entender el manual de instrucciones. Es esencial abrir un canal de diálogo que te permita comprender cómo funcionas para saber gestionar lo que llegue de la manera menos catastrófica posible. Si uno logra desactivar el piloto automático, el milagro y la condena vendrán de la mano, porque sentirlo todo aplica para lo bueno y para lo malo. Pero tomar consciencia de la persona que te ha tocado ser es lo que te permitirá convertirte en la persona que deseas ser.
La versión 1.0
Inevitablemente, proyectamos versiones alternativas de nosotros mismos dependiendo del contexto y de las personas presentes. Es curioso como dentro de la mente de cada persona con la que alguna vez has interactuado vive una variante distinta de tu carácter. Algunas serán más fieles a la ‘original’, mientras que en otras no serías capaz de reconocerte. Pero uno no es quien el resto le dice que es, uno es quien es cuando está a solas, sin nadie mirando, sin ninguna expectativa que cumplir. Cómo te ríes cuando nadie está escuchando, las cosas que piensas mientras te lavas los dientes y los deseos que le susurras a la almohada antes de dormir. Todo eso es lo que realmente define a la persona detrás de la careta que colgamos del perchero al entrar a la habitación.

El perfil que diseñamos para los demás
Ahora todavía es más difícil separar lo que se proyecta hacia fuera de lo que se lleva por dentro. Las redes sociales han matado cualquier esperanza de vencer la disonancia entre el personaje que creamos para el resto y la persona que somos. La vida que construyes para lo demás es muchas veces un reflejo de lo que quieres llegar a ser y en muy pocas ocasiones se corresponde con la realidad. Es obvio que uno va a querer vender la mejor imagen de sí mismo, pero lo peligroso está en querer creer que esos somos realmente nosotros. Salir de nuestra cabeza para mirarnos con los ojos de otros y autoconvencernos de que esa caricatura que nos ha llevado horas perfeccionar es realmente fiel a lo que llevamos dentro. ¿O es que acaso no revisamos constantemente de manera enfermiza cómo se ve nuestro perfil en una red social? Es como si buscásemos desesperadamente generar en nosotros mismos la aprobación que queremos recibir del resto. Pero por muchas veces que recorras esa vida ideal, es inútil ignorar que el pozo es mucho más hondo y que es decisión de cada uno atreverse o no a explorarlo.
La introspección es un acto de valentía, es abandonar la comodidad de la superficie para empezar a cavar porque tienes la certeza de que hay mucho por descubrir. Y, sobre todo, es algo que da poder sobre uno mismo. Tener la capacidad de tomar decisiones en base a unas preferencias que tú has definido. Saber identificar lo que necesitas y tener las claves para conseguirlo. Encarar un problema sin miedo porque tienes armas suficientes para hacerlo. Todo eso es poder. Cultivarse a uno mismo es de las cosas más bonitas que se pueden hacer en vida. Protejamos esa versión ‘original’ de nosotros mismos, compartámosla con aquellos que lo merezcan y no permitamos que ese reflejo superficial de todo lo que somos tome la posesión.




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