El fin de una era: las claves del ataque contra Irak
- Uxía Blanco

- hace 55 minutos
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La madrugada del sábado 28 de febrero de 2026 pasará a la historia como el momento en que el tablero geopolítico de Oriente Próximo saltó por los aires. El presidente estadounidense, Donald Trump, y su homónimo israelí, Benjamín Netanyahu, han ejecutado una operación masiva que no solo ha golpeado infraestructuras estratégicas, sino que ha descabezado la cúpula de la República Islámica de Irán. ¿Qué ha ocurrido?
Tras el asesinato del que fue líder supremo desde hace casi cuarenta años, Alí Jamenei, se abre un escenario de incertidumbre sobre el suministro energético mundial y la supervivencia de una teocracia que parecía inamovible.
El asesinato de toda la cúpula de poder iraní
Alí Jamenei fue el líder supremo y arquitecto de la política iraní durante más de 36 años. En 1989, Jamenei, que sucedió a Jomeini tras haber sido presidente durante la cruenta guerra contra Irak, logró consolidar un poder absoluto y reforzar el control sobre la Guardia Revolucionaria y las instituciones religiosas.
Al asesinato de Jamenei y todos sus hombres de gobierno, se le suma el vacío dejado en 2024 por la muerte de su sucesor natural, Ebrahim Raisí. Una doble pérdida que ha dejado al régimen sin su brújula moral y política, sumiéndolo en una crisis de liderazgo sin precedentes.
Pero, ¿qué quiere Washington tras descabezar la cúpula directiva de Irán?
Busca la desarticulación definitiva del programa nuclear iraní.
Busca un cambio de régimen más favorable a Washington, al igual que ha intentado en Venezuela. Quiere forzar una transición hacia un gobierno dócil dirigido desde el otro lado del Atlántico.
Busca recuperar su papel de árbitro en Oriente Próximo, tras el avance de Rusia y China.
Colapso sin posibilidad de reacción
A diferencia de otras operaciones militares, el despliegue estadounidense e israelí no ha buscado una advertencia, sino que han ido directamente a por los mandos del régimen. Y es que, junto al ayatolá, también asesinaron a su esposa, el ministro de Defensa y el comandante de la Guardia Revolucionaria.
Esta táctica busca provocar el colapso institucional desde arriba, sin posibilidad de una respuesta coordinada.

La rebelión interna como impulso del colapso
No se puede entender el éxito y la oportunidad de este ataque sin mirar hacia los factores internos. Las protestas iniciadas a principios del año 2026, motivadas por el hambre, la brecha social, la falta de libertades o la inflación, han sido reprimidas con una violencia que ha dejado más de 7.000 muertos.
El Estrecho de Ormuz
En el plano económico, la decisión de la Guardia Revolucionaria de cerrar el Estrecho de Ormuz es la consecuencia más inmediata para el resto del planeta. Por este paso, que separa las costas de Irán y Omán, transitan diariamente el 30% del crudo mundial y el 20% del gas natural licuado. Si el bloqueo persiste, el mundo se enfrentaría a una crisis energética que podría disparar los precios del barril a niveles históricos en cuestión de días, provocando un efecto dominó de inflación y desabastecimiento en los mercados internacionales que pondría en jaque la estabilidad de las potencias industriales.
Además, Washington es consciente de que uno de los primeros estados que podría colapsar sería China: principal comprador de crudo iraní que depende críticamente de la estabilidad del Golfo Pérsico para alimentar su gigantesca maquinaria industrial.

Un nuevo orden regional (alineado con Estados Unidos)
El debilitamiento extremo o la caída definitiva de la teocracia iraní supone la derrota del "Eje de la Resistencia" y dejar a grupos terroristas como Hezbolá, Hamás o los hutíes sin su principal sustento financiero y militar. Esto deja el camino libre para que Israel se consolide como el principal gendarme de la zona (recordemos que fue un ataque conjunto de Israel y EEUU), mientras potencias como Arabia Saudí y Turquía se preparan para llenar el hueco dejado por Irán.

Lo hemos visto recientemente en Venezuela o en el cerco asfixiante sobre Cuba: la estrategia de Washington ya no busca la reforma, sino la capitulación total o la eliminación del adversario. No obstante, este nuevo unilateralismo encabezado por Donald Trump, que ignora sistemáticamente a los organismos internacionales y opta por el uso directo de la fuerza, dibuja un mundo mucho más inseguro. En este escenario, el derecho internacional —aquella red de acuerdos que intentaba dar orden al caos tras la Segunda Guerra Mundial— parece haber sido definitivamente sustituido por la voluntad del más fuerte.




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