La IA: ¿fuente de información o desinformación?
- Anabella Cabrera Porras

- 29 dic 2025
- 4 Min. de lectura
El impacto de la máquina en nuestra planeta y civilización
La sociedad ha evolucionado de tal manera que actividades que costaban días de dedicación y esfuerzo se han tornado accesibles para la mayoría de la población mediante un click, o recientemente, un simple prompt a una máquina. De esta manera, esto no es un dato que solo se vea reflejado en las cotidianidades de las personas, sino que también ha ingerido sus rutinas profesionales. Uno de los casos más polémicos es la función del periodista y cómo éste llevará a cabo su compromiso con informar conviviendo con la inteligencia artificial.
1. El daño nocivo
La inteligencia artificial requiere de complejos procedimientos para lograr la demanda de un usuario. Este procedimiento, ampliamente estudiado y admirado por los investigadores, tiene una consecuencia grave e irreversible en nuestro entorno: el daño medioambiental. Así pues, la generación de un prompt simple gasta 0.4 Wh, cifra insignificante y mínima individual, pero teniendo en cuenta que la IA ya protagoniza la creación y búsqueda de información diaria, es realmente preocupante. Además, un texto de cien palabras (cantidad bastante común) gasta una botella de agua de 519 mililitros. Más allá de todo eso, la generación de texto no es la virtud de la IA que más contamina; la generación de imágenes consume tanta energía como cargar un smartphone del todo, y por las limitaciones de lenguaje del usuario y de comprensión de la IA en ocasiones, se suelen generar un mínimo de tres imágenes por demanda del usuario. La huella hídrica de una imagen se basa en medio litro de agua.
¿Cómo sucede esto? Este programa funciona mediante centros de distribución y almacenamiento de datos, que urgen de millones de chips que estén trabajando constantemente y que, por tanto, necesitan refrigeración. Esto se logra mediante ingentes cantidades de electricidad o de agua. Por otro lado, las demandas del usuario surgen gracias a millones de cálculos realizados rápidamente, recurriendo a hardwares como TPUs/GPUs que no se paralizan durante un periodo de tiempo largo, lo que se denomina el entrenamiento de la IA. Una vez ya finalizado el entrenamiento, la cantidad de energía solo abruma aún más, ya que se inicia una segunda fase definida como inferencia, que implica que cada interacción de la IA con el humano active cientos de procesos paralelos. La inferencia también sobrecalienta las computadoras y chips, y si no se calma esta temperatura, se culminaría en la destrucción del sistema. Asimismo, anteriormente se recurre a grandes porcentajes de agua, pero ahora se opta por refrigeración evaporativa, que ha disminuido la huella de carbono, pero solo ha disparado la hídrica.

Este es un campo desconocido para los ciudadanos, ya que la gran parte de las empresas publican su consumo medioambiental en distintos informes, pero no especifican qué cantidades exactamente se emplean para cada actividad. Recientemente, Google ha sido transparente sobre sus gastos energéticos, con 0,24 WH y aproximadamente 0,03 g CO2 por prompt, y OpenAI ronda por los 0,34 Wh. Entes como Microsoft o Meta han ofrecido estimados o se han supuesto algunas cifras por estudios de terceros.
2. La cobertura periodística y la IA
El periodista maneja a la IA para automatizar y facilitar tareas, investigar, verificar, redactar y personalizar contenidos. La IA ofrece eficiencia de tiempo y mayor visibilidad a los medios, pero también supone una problemática ética para el trabajador.
Según los datos mencionados, un periodista promedio gasta 5 botellas de agua si depende de la inteligencia artificial diariamente y causa tanto impacto eléctrico como cargar 3 móviles a la vez. La generación de imágenes no es una de las tareas principales del sistema en el periodismo, pero cada vez gana más fuerza e impacto junto a la generación de audio. Distintas empresas ya tienen una IA exclusiva, acorde con las reglas y formatos del medio, y logran usarla a su favor, como The New York Times o Maldita.es. ¿Es realmente ético que el periodista sea el que exponga la realidad de la sociedad si es quien aumenta el daño medioambiental?

El Consejo de Europa y la Unesco abogan por emplear la IA con responsabilidad social y sin causar daños, no solo en la parte de la información y ejecución de la labor frente al consumidor, sino también en busca de la sostenibilidad. Se tiene como objetivo que esta última se vuelva tan importante como los derechos de autor o de privacidad. ¿Cómo se limitará el empleo de la IA? Ya se han consolidado guías prácticas (Newsroom IA) para que el periodista se cuestione si es realmente necesario recurrir a esta herramienta, y si lo es, hasta qué punto se puede manejar. Se propone el uso de IAs centradas en una única labor, como Flash, en vez de aquellas multifuncionales que dejan una carga energética permanente. No solo se evita la IA por su daño ambiental, sino también porque tiene sesgos ideológicos y es más propensa a ocasionar plagio, junto con las posibles alucinaciones que esta vive, lo que provoca desinformación. Cabe destacar los cambios en la profesionalidad que esta supone, ya que muchos temen perder su trabajo frente a una máquina. No obstante, la aplicación de la IA en el periodismo de forma excesiva puede favorecer la polarización de la sociedad, ya que esta también pretende buscar más visualizaciones, mediante algoritmos que estudian a los lectores minuciosamente (ideologías, horarios de lectura y más) antes que informar.
3. El periodista y la IA
La inteligencia artificial es una innovación que se lleva desarrollando desde los 90s por Alan Turing; no va a cesar su crecimiento. Su implementación en los medios es un hecho y, con el paso de los años, solo se perfeccionará, aunque ese no sea el presente. Se están buscando constantemente alternativas al funcionamiento de la IA para evitar su gasto energético y redirigir su huella ecológica. La misión del periodista es emplearla de forma mediada y no deliberadamente, como un asistente que hará todo por él.
Es de suma importancia recurrir a la IA cuando la cobertura lo necesite, generar los prompts de forma óptima para que la máquina lo comprenda en su totalidad y evitar consumir tanta energía, además de emplear IAs con menor impacto. La clave está en informarse y abandonar la ignorancia sobre esta nueva realidad.




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