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Las claves del caso Epstein: impunidad, abusos y Ghislaine Maxwell

El 10 de agosto de 2019, moría el delincuente sexual confeso, Jeffrey Edward Epstein. Con su partida, se llevaba a la tumba los entresijos de uno de los casos de pederastia y abuso sexual más polémicos de la democracia norteamericana.

Según la versión oficial, un suicidio por ahorcamiento en su celda de Manhattan acababa con la vida del magnate a la espera de su juicio. Naturalmente, un notorio halo de escepticismo en la opinión pública rodeó desde el inicio las causas de su muerte, así como las posteriores descalificaciones sobre los archivos del caso, que llegan hasta nuestros días.

Jon Elswick/Associated Press
Jon Elswick/Associated Press

Los primeros pasos de Jeffrey

Jeffrey Edward Epstein nació en 1953 en Brooklyn, Nueva York. Cursó varios estudios en NYU pero nunca adquirió ningún título universitario. Desde su juventud comenzó a forjar su carrera financiera en instituciones como Bearn Stearns, dedicándose a la consultoría, gestoría financiera y otras inversiones. Su ascendencia social y personalidad carismática le permitieron comenzar a tejer desde su juventud una importante red de relaciones de poder más tarde vinculada a sus actividades criminales.

En el año 2005, la denuncia de una menor de tan sólo 14 años por presunto abuso sexual comenzó a destapar la “trama Epstein”. A raíz de esta denuncia, las autoridades federales identificaron a 36 chicas ligadas al caso en total, muchas de estas de tan solo 14 años de edad, víctimas de abuso. Para 2008 Epstein consiguió eludir el enjuiciamiento de estos cargos, mediante la firma de un acuerdo de culpabilidad con el fiscal Alexander Acosta. Fiscal del Estado de Florida, que unos años después sería nombrado Secretario de Trabajo por la Administración Trump en su primer mandato (2017-2021).

Este acuerdo permitió a Epstein declararse culpable únicamente de dos delitos, (prostitución y prostitución de menores) consiguiendo que se le aplicase una leve pena de prisión. Tan sólo un año y medio de condena (18 meses), en un régimen magnánimo que le permitía ausentarse de la cárcel durante el día y acudir a trabajar en su oficina. “Permisos de trabajo" que le permitían salir 12 horas al día, durante 6 días a la semana. Epstein incluso disponía de su propio chófer y de personal de servicio para recibir a sus visitantes. Tras su liberación, Epstein pagó a la oficina del Sheriff 128 000 $ por los “servicios adicionales” que se le habían brindado.

En julio de 2019, Epstein sería arrestado por segunda vez, acusado por fiscales de la Unidad de Corrupción Pública del Distrito Sur de Nueva York de tráfico sexual y tráfico sexual de menores. Finalmente ingresaría en prisión en Nueva York hasta su muerte.

La “Isla Epstein”

La globalmente conocida como “Isla Epstein” no es otra que la conocida por la cartografía como “Little Saint James”, una isla privada ubicada en el complejo de Islas Vírgenes de los Estados Unidos. La isla, ignorada por los exploradores españoles, perteneció a Dinamarca hasta 1917, cuando fue vendida a los Estados Unidos.

El terreno sería comprado como propiedad privada en 1998, por parte de la empresa L.S.J, de quien figuraba como principal propietario, Epstein. El magnate compraría la isla por 7,95 millones de dólares. Desde entonces, tal y como han podido atestiguar los archivos del caso, Little Saint James se convertiría en la residencia principal y centro de operaciones de la red de trata de menores de Jeffrey. Según diarios como Associated Press, los locales en St Thomas conocían la isla coloquialmente como “Pedophile island” (la isla del pedófilo o de la pedofilia), por las presuntas actividades de trata que Epstein realizase en ésta: captación y abuso de menores a gran escala. Negocio con el que presuntamente mercadeaba para grandes personalidades de la élite internacional.

Finalmente, tras la muerte de Epstein, el multimillonario Stephen Deckoff, a través de su firma SD Investments, anunció la adquisición de las islas Great St. James y Little St. James por 60 millones de dólares en mayo de 2023.

La Administración Trump, los archivos y Ghislaine Maxwell.

Los conocidos como “Archivos Epstein” son el conjunto de documentos bajo disposición del FBI sobre el caso Epstein, derivados de las múltiples investigaciones (2006, 2019, etc). Es decir, entre otras cosas, la lista de clientes de Epstein. Se trata de un total de 300 GB de datos, fotografías y correspondencia electrónica que contiene los nombres de los clientes de la red de trata sexual del delincuente.

Durante la campaña electoral de 2024, Donald Trump prometería como una de las claves de su agenda, la descalificación de los archivos de este caso. Sin embargo, tras su victoria electoral incluso negaría la existencia de estos datos. Finalmente, frente la presión social, Trump firmaría la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein, para exigir la divulgación de los registros del Departamento de Justicia. El rédito político de este caso resulta confuso, debido a las estrechas y atestiguadas relaciones entre el magnate y el actual presidente de los Estados Unidos, que no sólo mantuvo una documentada amistad con Jeffrey, sino que aparece nombrado unas 4500 veces en los archivos, según el diario EL PAÍS. Se han descalificado una gran magnitud de archivos, en dos tandas diferenciadas: el 19 de diciembre de 2025, y unas 3.5 millones de páginas, 180.000 imágenes y 2000 videos el pasado 30 de enero de este año.

Archivos que, desde el inicio de su descalificación, amenazan la impunidad de las élites económicas y políticas del panorama global. Algunos como Trump, Clinton, Bill gates o Elon Musk ya han salido a relucir en las primeras descalificaciones de los datos. Aparecer en los archivos del caso no conlleva o permite determinar la comisión de un delito. Sin embargo, estas revelaciones empiezan a desenmarañar la amplia telaraña clientelar de Epstein: élites económicas, políticas e intelectuales partícipes de manera directa o quizás indirecta de una amplísima y encubierta red de trata y explotación sexual de menores.

La única persona juzgada, condenada y encarcelada a 20 años de prisión por la trama de tráfico de mujeres es Ghislaine Maxwell, mujer de Epstein y corresponsable de la empresa delictiva. Casual o hasta de manera paradójicamente la única responsable mujer y no estadounidense. Este mismo 9 de febrero, Ghislaine se acogía a la quinta enmienda para no declarar en el Congreso. Ese mismo día, su abogado ofrecía un trato al Congreso: la cesión de inmunidad penal para Maxwell a cambio de una detallada declaración sobre cuestiones como la relación de Epstein y Clinton o el papel de Trump.

Ghislaine Maxwell y el príncipe Andrés en una imagen de los archivos desclasificados el pasado diciembre. Department Of Justice/CONTACTO/Europa Press
Ghislaine Maxwell y el príncipe Andrés en una imagen de los archivos desclasificados el pasado diciembre. Department Of Justice/CONTACTO/Europa Press

Epstein, el escándalo y la conspiración.

Lo que se ha conocido hasta ahora y lo que sigue sin conocerse da pie a multitud de conjeturas y teorías conspiranoicas, incluida la propia gestión que la Administración Trump está realizando del caso. La carencia de una transparencia clara abre el debate sobre la impunidad, los encubrimientos y las posibles implicaciones en el caso. Trump, Pam Bondi, y el Departamento de Justicia de EEUU, parecen estar centrando la gestión del caso en la administración de su impacto público y mediático. Una dosificación del escándalo y la verdad que permita de alguna manera mantener la legitimidad y hacernos olvidar el funcionamiento de las élites y su dinero. Cuando el libertinaje comprado por la

élite “se filtra” es inevitable preguntarnos quién obtiene un rédito lucrativo, quien pierde y quien utiliza la transparencia como arma, hasta llegar a utilizar el horror como una mercancía. ¿Hasta qué punto se está protegiendo y luchando por las víctimas, o por los agresores?. ¿Será la sociedad estadounidense capaz de transformar el escándalo en acción política?

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