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Oxigeno artificial para cines vacíos

La última edición de la Fiesta del Cine registra un desplome del 38% en la asistencia, evidenciando que los descuentos puntuales ya no bastan para salvar una industria que necesita algo más que rebajas para recuperar al espectador.


Kinepolis de la Ciudad de la Imagen de Madrid: Fuente: Taquilla.com
Kinepolis de la Ciudad de la Imagen de Madrid: Fuente: Taquilla.com

Las salas de cine respiran hoy con dificultad, siendo la Fiesta del Cine el aparato respiratorio que sigue manteniendo la vida a una industria que cada día va agonizando más. Ocho días. Es lo que duran en total las dos ediciones de la Fiesta del Cine celebradas al año, ya que cada una consta de cuatro jornadas según detalla la propia organización. Gracias a ellos, muchos pueden disfrutar de la gran pantalla. No obstante, ya no es suficiente. Esta reanimación programada anualmente va perdiendo cada vez más fuelle. Los cines son un enfermo crónico al que todavía le queda tiempo de vida, pero las energías son escasas. Y para rematar la faena, los datos que conocemos semana a semana, incluso en épocas de descuentos, no otorgan esperanzas, lo que reafirma el diagnóstico fatídico de una industria en decadencia.


Para entender la gravedad del cuadro clínico, se debe recurrir a los números. Según la Federación de Cines de España y Comscore, la vigesimoquinta edición de la Fiesta del Cine, celebrada a principios de noviembre, cerró con 861.806 espectadores. La cifra podría parecer abultada si no fuera porque representa un descenso del 38% respecto al año anterior, cuando la edición de noviembre de 2024 reunió 1.394.058 asistentes, según datos oficiales de FECE.


Unas cifras alarmantes.


La razón de esta preocupante caída libre del sector cinematográfico nos lleva a su origen: la taquilla. Mario (pseudónimo para proteger su identidad), miembro del staff de los cines Plaza Coslada, explica que el número de espectadores ha bajado ligeramente con respecto a la anterior edición de la Fiesta del Cine. A su juicio, el motivo básico no es el streaming, porque las plataformas llevan años funcionando y el escenario es básicamente el mismo. "El motivo seguramente sea por el tema de la cartelera. Ha habido bastante cine español, no ha habido ningún blockbuster así potente", señala. Además, cuando la Fiesta del Cine se celebra en noviembre, la gente está un poco más pendiente de las navidades, lo que también afecta a la asistencia.


Los datos anuales confirman que esto no es un problema puntual. El Ministerio de Cultura recoge que en 2024 las salas españolas registraron 72,9 millones de espectadores, frente a los 76,7 millones de 2023, lo que supone una caída de alrededor de cuatro millones de asistentes. La recaudación también descendió, pasando de 493 millones de euros en 2023 a 484,6 millones en 2024.


Espectadores dirigiéndose a las salas de cine. Fuente: ABC/María Guerra.
Espectadores dirigiéndose a las salas de cine. Fuente: ABC/María Guerra.

A esto se le suma otra problemática: no se trata de cuántos vienen, sino cuántos dejan de venir. La Fiesta del Cine sigue funcionando para aquellos que ya están convencidos, pero es incapaz de atraer a un público nuevo. Mario confirma que las caras suelen ser siempre las mismas ya que normalmente se informan de las fechas. Y los datos demográficos lo respaldan. La Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación muestra en sus estudios que el perfil del espectador de cine en España ha envejecido progresivamente, perdiendo peso entre los grupos más jóvenes a lo largo de los últimos años. Sin jóvenes, no hay futuro para las salas.


La barrera del precio y el tiempo.


Si la oferta de películas es el motor, el precio sigue siendo el combustible. La Fiesta del Cine nació en 2009 como un salvavidas desesperado en plena crisis económica, una estrategia audaz para devolver al público a unas butacas que se quedaban vacías. Catorce años después, la fórmula empieza a mostrar signos de agotamiento. No tanto por el descuento en sí, sino por las condiciones que lo rodean.


Jessica, una joven espectadora, pone voz a una queja recurrente entre el público estudiantil y trabajador. Le gustaría que la Fiesta del Cine fuera los fines de semana en vez de entre semana, ya que estudia y trabaja entre semana. Asegura que concentrar las ofertas en días laborales es una barrera logística casi insalvable para quienes tienen horarios rígidos. Si la entrada costara seis euros de forma regular, vendría más veces, al ser más barato. Para ella, la solución no pasa por un gran descuento de manera puntual sino por una bajada de precio general.


Cines Cinesa Luxe en el centro comercial Oasiz Torrejón de Ardoz. Fuente:  Guiadelocio.com
Cines Cinesa Luxe en el centro comercial Oasiz Torrejón de Ardoz. Fuente: Guiadelocio.com

Y como ella piensan muchos consumidores, sobre todo jóvenes. Es aquí donde el elefante en la sala se hace visible. Con plataformas como Netflix o HBO ofreciendo catálogos infinitos por el precio de una entrada y media, la comodidad del sofá compite ferozmente contra la experiencia en sala. Según el informe Entertainment & Media Outlook de PwC, los ingresos del mercado de vídeo bajo demanda en España alcanzaron los 2.452 millones de euros en 2023, una cifra muy superior a los 517 millones generados ese mismo año por la taquilla cinematográfica, según el Ministerio de Cultura. La brecha es abismal. Y también crece.


Un parche temporal, no una cura.


Tres días de descuento no bastan para reconquistar a un público que ha descubierto la comodidad, la variedad y el precio del streaming. Y la Fiesta del Cine funciona más como un analgésico que como una cura. Mario corrobora desde su posición en primera línea que el evento no genera inercia alguna. Asegura que el hecho de que esté la Fiesta del Cine ni mejora ni empeora el fin de semana posterior o anterior. "Realmente suele ser algo bueno, que es puntual, pero que ni mejora ni empeora las cifras", explica con resignación.


Este fenómeno coincide con el análisis del Observatorio Audiovisual Europeo, que señala que las promociones puntuales generan aumentos temporales de público, pero no modifican los hábitos de consumo a medio plazo. La caída de casi un 40% en la asistencia a la Fiesta del Cine no es solo un mal dato estadístico. Es una advertencia que se replica en las cifras anuales. Según Comscore, las salas españolas cerraron 2024 con 71 millones de espectadores, un descenso del 5% respecto a 2023. La recaudación tampoco da tregua, alcanzando los 477 millones de euros en 2024, muy lejos de los niveles prepandémicos. El diagnóstico es claro, pero el tratamiento sigue sin encontrarse.


Quizás el desafío de la industria ya no sea inventar nuevas promociones o eventos esporádicos, sino conseguir que ir al cine deje de ser un lujo ocasional para volver a ser un hábito cultural. Según el tercer informe anual sobre el sector audiovisual en España, el mercado OTT triplicó sus ingresos hasta alcanzar una previsión de 3.436 millones de euros en 2024, una cifra que contrasta dramáticamente con los 477 millones de la taquilla. La batalla por la atención del espectador se ha perdido en el sofá. Porque una industria no se salva con tres días de rebajas al año. Se salva logrando que la experiencia valga la pena los otros 362 días. Y eso, de momento, no está pasando.

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