Tachar el concierto de la lista de pendientes
- Laia Artacho Alba

- hace 2 días
- 4 Min. de lectura
Vivimos en una sociedad capitalista y el arte, la cultura, es un negocio más
Hace un par de semanas compré una entrada para el concierto de Guitarricadelafuente para dentro de ocho meses. Cuando la compré apenas quedaban ya. Y no es la primera vez que me planteo el porqué de tanta anticipación para un concierto o, en realidad, para cualquier espectáculo. Y, tal vez, ocho meses no sean tantos cuando se venden hasta un año antes. Pero desconozco qué estaré haciendo, o dónde, al principio de octubre, si podré asistir o no. Realmente, todos los que compramos entradas para cualquier evento con tanta anticipación ignoramos cuáles serán nuestras circunstancias en ese momento. Pero sabemos también que si no las conseguimos ahora, el mismo día, semana o mes que salen a la venta, nos quedaremos sin poder asistir.
Por supuesto, depende del artista al que se quiera ver en directo. Los más pequeños, los que no tienen un gran público, tal vez necesitasen lanzar las entradas a la venta mucho antes que los grandes con tal de poder vender la mayor cantidad posible, inclusive con tal de poder hacer sold out. Sin embargo, suele ser justo al revés, suelen ser cantantes como Taylor Swift o Bad Bunny quienes recurren a esta práctica. Igualmente, también hay un problema a la hora de conseguir entradas para estos conciertos, con colas larguísimas en tiqueteras que convierten todo el proceso en una caótica y desesperante yincana, donde aunque estés en la página web al minuto del inicio de venta, nadie asegura que lograrás comprarla. Por otro lado, es cierto que en el caso de los conciertos de artistas tan mainstream poco importa cuando salgan, que el proceso seguirá siendo una odisea. Y otro factor importante a considerar es que no todos los espectadores viven en las localizaciones donde se llevan a cabo los eventos —normalmente Madrid y Barcelona—, por lo que se necesita un mayor tiempo de planificación para poder conseguir el transporte y hospedaje.

Pero aun así, que la entrada de un concierto salga un año antes del propio concierto sigue siendo, cuanto menos, exagerado. Se puede entender que se anuncien las fechas con tanta anticipación, puesto que al final tiene que haber un proceso de organización brutal —con los estadios, las tiqueteras, todo el equipo, al fin y al cabo, que hay detrás para que los artistas se luzcan en el escenario— y eso conlleva tiempo. Además, el hecho de que se anuncien las fechas cuanto antes, pero que no salgan a la venta hasta tiempo después, permite crear una gran expectación y posibilita que la audiencia pueda planificarse económicamente para poder pagar por el evento, que, en el caso de los artistas más famosos, suelen ser especialmente caros.
¿La venta tan anticipada y los sold out masivos son una manifestación del capitalismo?
El hecho de que las entradas se agoten rápidamente —en el caso de artistas grandes— en parte se debe al miedo de perderse el concierto, al denominado fomo, y a la tranquilidad que se siente al poder ir a un evento al que realmente se quiere acudir. También está relacionado con las ansias consumistas de tener que comprarlas de forma inmediata, aunque luego se tengan que revender porque finalmente no se puede o quiere ir al concierto. Porque comprar con tanta antelación una entrada para ver un artista también nos obliga a quedarnos donde estamos, a que nos siga gustando su música tras ese tiempo, a que, si vamos con alguien, tener que seguir en contacto con esa persona. Nos obliga a mantenernos fijos con nuestros gustos, a ser los mismos constantemente, a no poder cambiar, que, al final del día, es lo mismo que no poder crecer.
Así pues, queda poco margen para poder improvisar. Para poder decidir un día, una noche, a última hora, ir a un espectáculo (específico) y poder hacerlo. Todo queda absurdamente encajonado en una cuadrícula de la que no podemos salir, vivimos en una constante y extrema planificación. Ocurre igual con las entradas de cine y teatro, con algunas películas y obras, salas y días concretos, donde es mejor conseguirlas previamente para poder disfrutarlas, más si se va acompañado de otras personas para poder sentarse con ellas. De cualquier forma, el ocio y la cultura se convierten en una tarea más, en un asunto pendiente que, una vez completado, se pueda tachar de la lista. Aunque, evidentemente, seguimos refiriéndonos a eventos u obras más populares, puesto que siempre se puede acudir a espectáculos más de nicho sin ningún tipo de problema.
Por otra parte, no deja de ser llamativo el hecho de que un concierto dure normalmente unas dos horas y que ya estemos planificándolo desde meses antes, desde el momento en que se paga por él hasta el transporte empleado para acudir al recinto. Por lo que, en gran medida, el concierto no inicia cuando el cantante o banda de turno sale al escenario, sino que lleva tiempo orquestándose, convirtiéndose el concierto en el final del espectáculo, en vez de serlo de principio a fin.
Porque, al final, lo que tiene la finalidad de ser un momento especial, de disfrute, puede llegar a convertirse en un viaje realmente intenso y estresante que, a veces, no merece la pena. En ocasiones, y lo confieso, me resulta más emocionante el proceso de preparación para el propio concierto que este mismo. Elegir la ropa, peinarme, maquillarme, echarme colonia, dar vueltas a la habitación esperando que sea la hora en la que he decidido salir para llegar a tiempo. Las expectativas. Hasta que suenan las canciones y se acaba. Y luego, simplemente, esperar al siguiente.

![Ricky Gervais: “Si ganas un premio esta noche, no lo uséis como discurso político [...] No sabéis nada del mundo real.”](https://static.wixstatic.com/media/c45385_262c1ebb643e4439beadcde7de2c1468~mv2.png/v1/fill/w_980,h_528,al_c,q_90,usm_0.66_1.00_0.01,enc_avif,quality_auto/c45385_262c1ebb643e4439beadcde7de2c1468~mv2.png)


Comentarios