El lobo disfrazado de oveja: la misoginia escondida de internet
- Paula Ortiz García

- hace 11 horas
- 5 Min. de lectura
Cómo el discurso antifeminista se normaliza en redes sociales y seduce a las nuevas generaciones
Incels, Rickyedit, Roma Gallardo, Pick Up Artists, Llados Fitness… son un largo etcétera de personalidades y comunidades que actualmente están invadiendo Internet, impregnándolo de un imaginario victimista en el que el hombre es fuertemente oprimido, de una búsqueda continua de “la mujer de valor” y, sobre todo, de una ideología ultraderechista y antifeminista.
Las comunidades antifeministas están experimentando un crecimiento acelerado, reclutando más hombres que nunca. Uno de los principales problemas de este movimiento es la participación de menores de edad, niños y adolescentes, con una presencia alarmantemente alta. Es imposible apartar la mirada, pues se encuentran en todas partes: en las aulas de instituto, en las manifestaciones, como público en los eventos, en las redes sociales…, siendo este último el que más fuerza ha cogido.
Esta mentalidad antimujeres no solo es completamente errónea, sino que nace de un resentimiento fruto de las nuevas conquistas feministas en áreas de igualdad, como la aprobación de leyes que nos protegen (Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género), de las huelgas y manifestaciones que muestran el descontento con el sistema heteropatriarcal y del surgimiento de movimientos como el 4B, que nace en Corea y se extiende por EEUU, el cual promueve no mantener relaciones sexuales con hombres como forma de protección y protesta.
El hombre no está siendo oprimido, está siendo despoderado. No tendría que pillarnos por sorpresa el enfado masculino, pues no es la primera vez que vemos a poderosos echando espuma por la boca cuando se señala su posición de poder y se hace un cambio social post igualdad. Múltiples casos sirven de ejemplo: el movimiento White Lives Matter y el racismo blanco, en contraposición al Black Lives Matter, el surgimiento de la “heterofobia”, en respuesta al orgullo gay y un amplio abanico de privilegiados que pretenden victimizarse en una situación en la que claramente son verdugos.


Recientemente, ciertas figuras públicas han tomado fuerza en la esfera digital, propagando un discurso claramente misógino disfrazado de ironía y sorna. La aparente inocencia del humor con el que juegan pone todavía más en riesgo si cabe la capacidad de los más jóvenes por discernir entre lo que es verdaderamente comedia y lo que es una misoginia maquillada. Esto está vigente en el día a día, con memes que se expanden tanto por X como por Reddit, o con discursos como los presentados en los Army Awards del pasado 10 de enero, premiando a las figuras más relevantes de redes sociales.
De igual manera, la desvalorización del acoso sexual o la objetivación de la mujer se presenta de diversas formas, como las bromas de los supuestos contratos para mantener relaciones sexuales, los rankings del físico de celebridades, la aparición de imágenes desnudas de estas mismas generadas por inteligencia artificial, etc. Esto es realmente peligroso porque el disfraz de humor negro hace las veces de escudo cuando se les cuestiona su actividad en Internet, sino preguntaros de dónde proviene el término “generación de cristal”.

No obstante, esto no es necesariamente una novedad en cuanto a pensamiento. Desde hace unos años se fragua una manera de operar diferente, pero ello no implica que los conceptos ahora renovados no nazcan de una cultura ya existente. Por ejemplo, el término “simp”, que se ha extendido para hablar de los hombres que desesperadamente complacen a las mujeres, no es más que una nueva forma de nombrar a lo que ya nuestros padres y abuelos llamaban “pagafantas”.
En la misma línea, podemos hacer referencia a los Pick Up Artists o a personalidades como Llados Fitness, que acuñan el concepto de “mujer de valor”, que, de la misma forma, es una vuelta al concepto tradicional, en el que nos debemos a nuestra pareja, nos mantenemos impolutas para él y le brindamos devoción desde antes incluso de conocerle. De la mano de este concepto nos acompaña el “hombre de valor” y el discurso de cómo convertirse en uno de ellos. Tanto Llados como Pick Up Artists ayudan a esta transformación. El varón que merece la pena no es más que aquel con una masculinidad tóxica y exacerbada: es el hombre que genera mucho, que entiende de dinero, que sabe liderar, y que, ante todo, tiene poder.
Es innegable que Internet es inmenso y se encuentra fuera de nuestro control. Pero, el hecho de que las redes sociales son dañinas si no se hace un buen uso de ellas es algo que ya conocemos de memoria. Es importante, sin embargo, tener en cuenta que la educación de los niños y adolescentes no solo se ve influenciada por una serie de tuits o memes a los que dan like en su tiempo libre.
Viendo el panorama actual debemos rescatar un poco la importancia de la educación tradicional: aquella que los progenitores y las instituciones educativas brindan. Nadie niega el poder de consumir contenido en redes, pero tampoco debemos pasar por alto que esta clase de mensajes no calan tan fuerte si tenemos buenos cimientos en los que sustentar nuestros valores.
Roma Gallardos, creador de contenido en Youtube y TikTok, hace uso de la descontextualización para validar sus argumentos. Su táctica consiste en realizar entrevistas callejeras a feministas y, mediante la demagogia, las preguntas capciosas y el humor desvaloriza sus opiniones y las ridiculiza. De igual forma, sucede con la argumentación que utiliza la extrema derecha y que difunden en vídeos de un minuto, donde los datos como el número de casos falsos de violencia de género o las víctimas de abuso sexual son amañados a su favor.
Es evidente que la ausencia de una buena base de información feminista hace caer en estas trampas. Si orientamos nuestra enseñanza en la desconfianza hacia los datos de redes, el contraste de información y, si, sobre todo, ilustramos lo que implica ser mujer a aquellos que no lo viven en sus propias carnes, quizás consigamos crear un colador mental que les permita valorar antes de asentar este discurso en su sistema de creencias.
En definitiva, el auge de estas comunidades no responde a un fenómeno aislado, sino al eco moderno de una misoginia estructural que muta y se disfraza. No debemos normalizar esta nueva horda de jóvenes que mantienen una mentalidad ya añeja, y que actúan generando un ruido ensordecedor en todos y cada uno de los espacios de comunicación. Aunque creamos que el daño de un mensaje o una broma en Internet es menor que la violencia presencial, no debemos olvidar el inmenso poder de la palabra y su capacidad de movilizar masas. Mientras las voces misóginas sigan teniendo la visibilidad que se les ofrece, la mujer seguirá sufriendo opresión y violencia.




Comentarios