Todo lo malo que pueda ocurrir... ocurrirá
- Ivan Tobeña
- hace 1 día
- 6 Min. de lectura
Los Safdie, After Hours y los castigos infinitos
Con la excelente recepción de Marty Supreme en taquilla, producto de una gran estrategia de marketing por parte de A24 y el propio Timothée Chalamet, más y más gente se ha interesado por los demás proyectos del director Josh Safdie, descubriendo así el cine angustioso los hermanos Safdie.
Benny y Josh Safdie son expertos en cortar la respiración sin usar sustos baratos. En su lugar, utilizan una especial pero recurrente combinación de elementos para lograr esa asfixia: múltiples personajes hablando a la vez, solapando sus diálogos; sus actitudes suelen ser tercas, generando conflicto al no ser capaz de llegar a acuerdos; un ritmo desenfrenado con muchos cortes en cada escena, escalando situaciones ya de por sí frenéticas… y siempre un resultado funesto.

Tomando Marty Supreme como ejemplo (aunque podríamos seleccionar Good Time, Uncut Gems o Heaven Knows What, pues todas siguen la fórmula), el titular Marty Mauser se ve envuelto en una serie de infortunios que le dificultan su camino a la victoria en el ping-pong. En una parte de la película, Marty debe pasar una noche en un motel mientras huye de la policía. No le queda dinero para pagar, así que le pide ayuda a su amigo Wally. Una vez en su cuarto, mientras Wally le lee la amplia suma de dinero que debe, la bañera atraviesa el suelo y aplasta al personaje de Abel Ferrera y a su perro, y a la gran cantidad de contratiempos que ya tiene Marty se le suma ocuparse de los cuidados del perro, al cual pierde y debe recuperar de la casa de un racista que se niega a devolverlo. Recordemos que esta película trataba sobre Marty jugando al Ping-Pong.
Siempre que un personaje de los Safdie tiene un objetivo, aparece de la nada un obstáculo que le cambia el rumbo, y dentro de ese obstáculo aparece otro, y otro y otro más, y así hasta que uno se olvida de cuál era el objetivo principal hasta que el protagonista resuelve (o evita, en la mayoría de casos) los contratiempos. El espectador se muerde las uñas por esta serie de problemas, y sobre todo por la forma del protagonista de afrontarlos. Tanto Marty Mauser como Howard Ratner, protagonista de Uncut Gems, son hombres ambiciosos, arrogantes, evasivos y, en general, personajes que preferirían sufrir las represalias de sus acciones antes que admitir que dichas acciones son errores. Precisamente por ello son personajes tan entretenidos de ver. Sientes una ansiedad parcialmente justificada, pues te cuesta empatizar con los protagonistas al tener tantos fallos morales, y por tanto no quieres verles triunfar, pero al mismo tiempo te molesta la cantidad de problemas que sufren porque si te ocurrieran a tí, estallarías. Es un extraño limbo entre compasión e indiferencia.

Por otro lado, si le ocurren a personajes que sí generan empatía en el espectador, la historia cambia. Los Safdie escriben sus guiones con ayuda de su frecuente colaborador Roland Bronstein, cuya esposa Mary Bronstein ha dirigido la que es mi película favorita de este último año: If I Had Legs I’d Kick You. Josh Safdie y Roland Bronstein han producido la obra, y su influencia se nota en cada poro de la misma, desde los constantes close-ups a los rostros de los actores hasta el frenético ritmo de las escenas. En ella, Linda tiene que cuidar de su hija enferma mientras todo su mundo se desmorona ante ella: se les cae el techo de la casa; una paciente abandona a su bebé, su terapeuta la detesta, etcétera. Todo lo que puede salir mal, le sale mal, y en la mitad de ocasiones no es por sus acciones. Esto es clave para diferenciarlo de la habitual película de los hermanos Safdie: si bien no es un personaje perfecto moralmente, no comete acciones narcisistas o perjudiciales, sino que intenta por todos los medios salir adelante con la situación que se le presenta, tratando de ser lo más correcta posible. Sin embargo, a medida que avanza la obra, le importa menos y menos lo que ocurre a su alrededor (en algunas ocasiones, como el destino del personaje
de A$AP ROCKY, directamente influenciadas por ella), resultando en una decadencia temporal de la cordura de Linda que finaliza con un explosivo desenlace, en cierta parte más propio de una película escrita por los hermanos. La firma Safdie se distancia al estudiar a nuestra protagonista, pero lentamente se hace más y más presente cada minuto.
Los protagonistas de Uncut Gems y Marty Supreme sufren penitencias por no saber cuándo parar y menospreciar sus alrededores. Apuestan más de lo que deben, poniendo en peligro sus vidas y las de seres queridos de la forma más arrogante posible. Juegan en ligas altas siendo novatos sin idea de lo que manejan. Por otra parte, en Good Time y If I Had Legs I’d Kick You, el castigo no viene directamente de la arrogancia, sino de una toma de decisiones imperfecta. Ambos deben cuidar de una persona que depende de ellos, y en vez de seguir los métodos convencionales (y efectivos, por cómo se han presentado) intentan hacerlo a su manera, creyendo que tienen más razón que el resto. Connie Nikas no asume las responsabilidades que conlleva cuidar de su hermano minusválido, ni antes ni después de que dicho hermano entre en la cárcel por su culpa. Linda desobedece el consejo de su médica, generando conflicto con su marido y poniendo en riesgo la salud de su hija por una corazonada. En ninguno de los casos hay maldad ni narcisismo superficial; hay impaciencia e incapacidad de seguir los pasos correctos y establecidos por los demás. De cierta manera, en Linda y Connie se siente como un castigo divino impuesto por la misma sociedad, que actúa como un Dios sobre ellos, arrastrándolos a la miseria por desobedecer. En Marty y Howard presenciamos el ejemplo puro del karma, pues sus acciones conllevan cierto grado de maldad escondida en su egoísmo; en Connie y Linda sentimos impotencia al ver que todas las rutas alternativas están cortadas y llenas de pinchos que rajan sus ruedas.

Este cine estresante no es, ni mucho menos, creación de los hermanos Safdie. Una de las películas precursoras de este ‘género’ es también una de las mayores influencias de Josh y Benny: una comedia de enredos llamada After Hours, y conocida en España como “Jo, ¡qué noche!”. Dirigida por Martin Scorsese inmediatamente después de otra comedia, King of Comedy, After Hours trata de un oficinista que se aventura en la nocturna Nueva York en busca de una cita con una chica que conoció antes en un bar. ¿El problema? Absolutamente todo le sale mal. Sin entrar en detalles, va de edificio en edificio toda la noche, y cada suelo que pisa le otorga una nueva carga que le impide volver a casa.
Sirve como crítica cristiana a la búsqueda desesperada de relaciones sexuales (pues sabemos en pocos minutos de película que eso es lo que busca nuestro protagonista), como parodia de la vida nocturna americana y como brillante conexión de múltiples subtramas que de una forma u otra acaban girando alrededor de Paul. Está brutalmente exagerada y todos los personajes son muy poco naturales, y ahí luce su belleza. Los Safdie crean situaciones realistas, con diálogos más cercanos a la realidad que la mayoría de cineastas, debido sobre todo al solapamiento de diálogos. En After Hours se busca eliminar la seriedad del castigo de Paul al añadir el toque cómico de la actitud de los personajes, contrastando con lo que sigue siendo una cadena de eventos bastante dura de digerir. Paul, al contrario que los cuatro protagonistas de las obras previas, es un ser completamente solitario, y sus acciones no pueden afectar a la gente que ama, sino únicamente a unos pocos desconocidos. Ese es otro factor que amplía el factor humorístico: no nos sentimos mal por terceros, apenas por ciertos personajes, y nos cuesta empatizar con el propio Paul por un par de decisiones tempranas con su cita. Al volver a presenciar un personaje moralmente ambiguo, es entretenido presenciar sus desdichas como espectador, estresado en cierta medida por lo que ocurre pero no enteramente preocupados. After Hours toma un enfoque cómico para un castigo católico al pecado carnal, algo que hasta ahora los Safdie no han explorado ni en un plano adaptado al judaísmo, religión de los hermanos.

After Hours también se separa de las películas de los Safdie en el desenlace, presentando un tono más cómico y calmado como si se tratase del final de una montaña rusa, mientras que en Uncut Gems, la montaña rusa se estrella. El protagonista vuelve a la normalidad como si nada hubiera ocurrido, acabando la película trabajando en su oficina sin decir una palabra. Esto se puede interpretar como una sátira sobre la llamada “sociedad del trabajo”, que si bien un trabajador ha tenido la noche más loca de su vida, no le dará prioridad por encima de sus tareas. Muchas comedias de enredos de inicios del milenio presentan una estructura y desenlace similares, mostrando así el amplio rango de géneros que After Hours ha influenciado.
Estas películas se asemejan emocionalmente a las de terror, pues el espectador disfruta de lo mucho que se le acelera el corazón. Esperemos seguir descubriendo obras de calibre similar y otros directores que adopten el estilo desenfrenado de los hermanos Safdie, pues han demostrado ser capaces de crear enormes épicas modernas.




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