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Una dimensión antropológica del valor económico

Para pensar en la economía hoy en día, debemos desprendernos de la comprensión reduccionista que la equipara al trabajo, a los intercambios, mercados o precios. Existe una dimensión más reveladora que articula el modo en que los seres humanos organizan, renuncian, eligen y, en última instancia; dotan de sentido su existencia. La economía en términos generales no es un mero sistema social, sino aquello que regula la relación del ser humano con su contingencia, pues es tanto una praxis física como psíquica. En este sentido, la economía sugiere una revelación (histórica) de cómo los seres humanos conciben lo necesario; la gestión de lo escaso y la consideración de lo abundante; los aspectos valiosos o irrelevantes.

La economía no tiene como preocupación principal la riqueza (aunque sea imprescindible para su desarrollo), pues la correcta orientación de la naturaleza humana ocupa el primer puesto. Podríamos considerar que es el mediador de las dinámicas de producción o meras operaciones técnicas; mas es la viva representación del modo en que los seres humanos buscan reconocimiento, estabilidad y coherencia social. Sin embargo, la modernidad económica terminó aislando estos fenómenos en un campo autónomo, como si la economía pudiera estudiarse de manera separada en cuanto a la cuestión acerca del hombre. Para ello, se debe introducir al ser humano en el centro del análisis.

Tony Stark (Robert Downey Jr.) En Iron Man - 2008
Tony Stark (Robert Downey Jr.) En Iron Man - 2008

El hombre ha sido siempre un ser de carencias, incapaz de sostenerse exclusivamente por sus disposiciones naturales; condenado a sobrevivir mediante pilares artificiales –como puede ser la casa, el cultivo o la tecnología– por su falta de capacidad biológica para la supervivencia. Así pues, el individuo se ve obligado a construir instituciones, técnicas y hábitos que forman parte de la capacidad del ser humano para delegar acciones, lo que le permite organizarse y perdurar en un entorno hostil. La existencia de roles productivos, normas (coercitivas) y símbolos no son creaciones accidentales; son las condiciones que permiten al hombre actuar sin quedar paralizado por la indeterminación.

Esto se convierte pues, en una visión donde el ser humano es naturalmente artificial. La economía es una mediación que posibilita la elección de renunciar al estado de naturaleza y sustituirlo por una comunidad funcional. También permite, en sociedad, conseguir lo deseado; y por ello se convierte en criterio de autorrealización. Como bien hemos mencionado anteriormente, la riqueza sigue siendo característica fundamental de la economía, por lo que si el sujeto convive, aporta y ayuda al buen funcionamiento de la colectividad, podrá alcanzar la plenitud personal en cuanto a objetivos particulares o familiares.

Trabajadores de radio Philco en Perivale, Middlesex, Inglaterra - 1950
Trabajadores de radio Philco en Perivale, Middlesex, Inglaterra - 1950

Por otro lado, la economía es un dispositivo de prevención del peligro: ofrece marcos de interpretación que hacen al mundo maniobrable. No obstante, esto también tiene sus inconvenientes. Incluso hoy en día, la animalidad del hombre sigue vigente, lo irracional a veces se presenta en forma de ira o miedo, que suele ser común cuando sopesamos la opción de que nuestro estatus nos sea arrebatado, o algo más cotidiano como no llegar a fin de mes. Y es que dejar nuestro presente y futuro casi en manos del destino mismo, conlleva sus riesgos: ganamos o perdemos. A su vez, en la modernidad se lleva a cabo una abstracción del valor, donde acciones que antes no tenían por qué ir ligadas a equivalencias monetarias –socializar, consumir, mostrar tu propia identidad– se inscriben bajo este régimen. Esto puede derivar en la no normalización de acciones buenas (o virtuosas) porque sí, es decir, sin la necesidad de recibir algo a cambio. La tacañería se convierte en algo natural pero necesario para no ser engañados. El pilar económico no depende de la necesidad de recursos, sino que trasciende a lo social y político; producto directo de la absolutización de un dispositivo que nació para intercambiar bienes, termina ordenando la forma de ser en el mundo. Se trata de un círculo vicioso donde la economía intenta hacer funcionar los engranajes de la actividad humana, pero acaba perturbando al hombre. Mas es la mejor y única opción.


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