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Una partida de ajedrez contra la muerte

¿Qué harías si la muerte viniera a buscarte?

El ruido de las olas golpeando contra la orilla, el piar de los pájaros surcando el cielo y la brisa marina inundando el ambiente. Seguramente, Antonius Block, que acaba de regresar a su tierra natal tras 10 años luchando en las cruzadas; no podría imaginar un mejor lugar donde vivir sus últimos momentos, los cuales él sabe que están cerca; su destino ya está llegando. 

No obstante, cuando la muerte se aparece enfrente suya se vuelve consciente de que no puede irse, al menos no todavía. Gracias a todos los cuadros con la muerte como protagonista se le ocurre una solución temporal, una forma de intentar retrasar lo que lleva siendo inevitable desde el día que nació; jugar una partida de ajedrez con la mismísima muerte.

Esta es la introducción de la parca en El séptimo sello (1957) de Ingmar Bergman. La figura de la muerte ha sido tratada en infinidad de ocasiones a lo largo de la historia de la humanidad, como consecuencia de su carácter universal; aún a pesar de su gran presencia en la cultura popular, siempre llega rodeada de una niebla desconocida con un halo de incertidumbre, dejando tras su paso más preguntas que respuestas. Sin duda, a nivel personal, una de mis representaciones favoritas de la muerte tiene lugar en esta película.

Si aún no has tenido la suerte de disfrutar de esta experiencia, debido a que es más que un filme de culto, es una representación de la finitud humana y las relaciones interpersonales que tienen lugar en esos instantes de vida en bruto; te recomiendo que regreses a este artículo tras haberla visto (aunque también puedes leerlo primero para conocer una pequeña pincelada de lo que vas a ver).

La sociedad medieval en la que se ambienta la película está sucumbida en el miedo por la peste negra, fruto de un supuesto castigo divino. La pandemia acerca aún más la muerte a la cotidianidad del día a día, provocando un aumento de la conciencia sobre ella. Todo esto lleva a que el protagonista se sienta abandonado por Dios, empezando a reflexionar y dudar sobre qué habrá después de la muerte.

El miedo nos hace crear una imagen salvadora, a esa imagen la llamamos Dios.

De este modo, se plantea que Dios es una creación del ser humano cuyo único objetivo de ser es reducir nuestro miedo; hacernos creer que todo tiene sentido, puesto que todas nuestras acciones nos vehiculan a un destino mejor; nos convence de que el propio ser humano también tiene características divinas, siendo capaz de seguir viviendo tras la muerte.

Por tanto, Antonius Block no solo se siente abandonado por Dios, debido a su falta de actuación ante todas las tragedias que tienen lugar en el mundo; sino que también empieza a dudar de la existencia de un ser superior. Todo esto, como consecuencia de lo expresado previamente, le lleva a temer a la incertidumbre que viene con la muerte, a la falta de certezas que confirmen que no hay un fin absoluto.

El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957). Fuente: CineHistoria.
El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957). Fuente: CineHistoria.

Como ya se puede intuir, hay una crítica, relativamente explícita, hacia la religión; la cual culmina al mostrar como queman viva a una niña de 14 años al ser acusada de haber provocado la peste negra por su relación con el diablo, lo cual es obviamente falso.

Este momento no solo sirve para criticar el papel invasivo de la Iglesia en la sociedad, sino también es la escena en la que el protagonista, tras haber observado detalladamente la mirada pérdida de la adolescente en sus últimos segundos de vida; se enfrenta a la posible realidad de que nuestro todo sea seguido por la nada.

Ante este vacío existencial, Antonius, poco a poco, consigue encontrar esos instantes de vida en bruto que hacen que la vida pese sobre la muerte, disminuyendo así su miedo incontrolable a la inexistencia. En mi opinión, esto sucede en una de las escenas que más irradian vida de la historia del cine. El protagonista y su escudero conocen a una pareja de actores ambulantes con un hijo pequeño, los cuales les invitan a comer fresas con ellos.

El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957). Fuente: SensaCine.
El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957). Fuente: SensaCine.

“Sentado aquí, con vosotros, que irreales resultan estas cosas. Pierden su importancia. Siempre recordaré este día. Me acordaré de esta paz, de las fresas y del cuenco de leche, de vuestros rostros a esta última luz. Me acordaré de Miguel así dormidito y de José con su laúd. Conservaré el recuerdo de todo lo que hemos hablado. Lo llevaré entre mis manos, amorosamente, como se lleva un cuenco lleno de leche hasta el borde... Me bastará este recuerdo como una revelación.”

En definitiva, todos tenemos el mismo destino inevitable, lo único que cambia es el proceso a través del cual llegamos a él. Esto es lo que nos hace apreciar los pequeños momentos; un día soleado tras meses de lluvia, el café de por las mañanas, reencontrarte con viejos amigos, un atardecer después de un día duro… Al final, lo único que tenemos es el presente; ya no se puede cambiar el pasado y nada nos asegura el futuro; por eso, lo que queda en nuestra mano es disfrutar de lo que poseemos, es decir, el día a día.

Vivir esos pequeños actos donde la vida parece concentrarse y el peso de nuestra finitud pasa a un segundo plano; ya que, aunque sabemos que puede llegar cuando menos lo esperamos, habremos hecho todo lo posible. De este modo, considero que esta escena puede resultar realmente motivadora o, al menos, para mi lo fue; por lo que me gustaría animar a cualquier persona que este leyendo esta reseña a intentar convertir una acción de cada día en uno de estos momentos que nos recuerdan que estamos vivos y, por ahora, eso es todo lo que importa.

Para terminar, Antonius Block finalmente es derrotado por la muerte, pero no sin antes haber hecho que su existencia en este mundo cobre sentido, al conseguir evitar que la muerte también vaya detrás de los actores y su hijo. De esta manera, decide abrirle las puertas de su casa como si de una vieja amiga se tratase y realizar junto a ella su último baile.

Ni el más pobre ni el más rico puede escapar de ella, pero sí que está en nuestro poder decidir lo que hacemos con nuestro tiempo hasta que llegué nuestro destino; puesto que ese es el sentido que a veces es tan complicado de entender, el simple hecho de saber que un día moriremos ya es suficiente para animarnos a vivir cada día hasta que llegué nuestro último baile. 

El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957). Fuente: Fundación para la Historia de España.
El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957). Fuente: Fundación para la Historia de España.

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